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📉 Otro golpe a la soberanía: la Justicia de EE.UU. ordena acceder a chats y mails de Caputo y Massa

Una vez más, la Argentina queda expuesta ante el mundo, no solo por los errores del pasado, sino por el presente silencio de un Gobierno que dice defender la libertad, pero que guarda un silencio escandaloso cuando los intereses extranjeros vulneran nuestra soberanía. La jueza Loretta Preska, del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, ordenó acceder a comunicaciones privadas de funcionarios clave de los gobiernos de Javier Milei y Alberto Fernández, incluyendo chats de WhatsApp y correos electrónicos.

Entre los apuntados están el actual ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo; su primo y asesor presidencial Santiago Caputo; y el propio Sergio Massa, exministro de Economía. También fueron incluidos exfuncionarios como José Ignacio de Mendiguren, Guillermo Michel y Gabriel Rubinstein.

La medida busca fortalecer el reclamo de los fondos buitre Burford y Eton Park, que exigen una indemnización millonaria por la expropiación de YPF, bajo el argumento de que empresas como YPF, Banco Nación, Aerolíneas Argentinas o Enarsa no son independientes, sino “alter ego” del Estado argentino.

El objetivo es claro: avanzar en el embargo de activos argentinos. El costo de esta maniobra judicial puede superar los 16.000 millones de dólares. Sin embargo, desde la Casa Rosada no se escuchan declaraciones contundentes.

No hay cadenas nacionales, ni posteos ruidosos en redes sociales, ni insultos en conferencias. Javier Milei, el supuesto adalid de la soberanía individual y el enemigo de los “parásitos del Estado”, guarda un llamativo silencio ante un nuevo zarpazo extranjero contra los intereses del pueblo argentino.

La Procuración del Tesoro ya anticipó que apelará esta medida de “discovery” que consideran un hecho sin precedentes, pero la pasividad política del Ejecutivo nacional deja en evidencia que cuando los mercados hablan, el Gobierno se arrodilla.

Mientras el Presidente insulta a los trabajadores, a los gobernadores y al Congreso, evita enfrentarse con los verdaderos factores de poder.

Milei no habla de Loretta Preska, ni de Burford, ni del colonialismo judicial al que estamos sometidos. La verdadera entrega no se hace con una banda presidencial; se hace con el silencio cómplice y la omisión de defender los intereses de la Nación.

Hoy, la soberanía energética, financiera y jurídica está en jaque. Y el Gobierno, en lugar de pelear por la Patria, elige callar para no incomodar a los dueños del mundo. La casta, parece, no está en la política… está en Wall Street. Y Milei, lejos de combatirla, la aplaude.

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