Milei rompe con Villarruel y lanza una acusación insólita: la culpa de una “corrida cambiaria”
El Presidente tildó de “traidora” a su vicepresidenta por haber permitido aumentos a jubilados y personas con discapacidad.
En un nuevo capítulo de su estilo autoritario, la acusó de buscar un golpe con apoyo del kirchnerismo
El presidente Javier Milei volvió a encender las alarmas institucionales al lanzar una furiosa acusación contra su propia vicepresidenta, Victoria Villarruel, a quien responsabilizó —sin pruebas— de haber promovido una “corrida cambiaria” junto a la oposición.
En una entrevista con Alejandro Fantino, Milei apuntó sin filtros: “Si el Gobierno volaba, se quedaba ella con los kirchneristas”.
Lejos de buscar consensos o estabilidad política en medio de una nueva crisis económica, el mandatario optó por redoblar la apuesta contra quien fuera su compañera de fórmula. Dijo que Villarruel habilitó una “sesión ilegal” en el Senado en la que se aprobaron mejoras para jubilados y personas con discapacidad, medidas que —según Milei— habrían comprometido el equilibrio fiscal. En lugar de reconocer la sensibilidad de estas políticas sociales, las calificó como “torpedos fiscales” y responsabilizó a su vice por supuestamente desestabilizar su gestión.
“Roma no paga traidores”, repitió Milei, en un tono que ya se vuelve habitual en su repertorio de confrontación constante.
Para el presidente, cualquier intento de atenuar el brutal ajuste económico que lleva adelante, incluso en áreas tan críticas como las jubilaciones mínimas o la discapacidad, es visto como una traición, un ataque o incluso un golpe institucional.
Sin aportar una sola evidencia concreta, también acusó a Villarruel de haber sido parte de una supuesta maniobra planificada para explotar una “ventana de liquidez” y provocar una corrida contra el peso. En una peligrosa mezcla de paranoia política y desprecio por la institucionalidad, sugirió que la vice actuó “en concordancia con los kukas”, haciendo referencia al kirchnerismo.
El discurso del presidente no solo exhibe una grave fractura dentro del oficialismo, sino que confirma un patrón: cuando los límites democráticos incomodan, Milei no dialoga, acusa. Cuando se trata de reconocer derechos sociales, los convierte en conspiraciones.
Su manera de gobernar parece más enfocada en señalar enemigos que en resolver los verdaderos problemas del país: inflación, pobreza, desempleo y una economía que sigue sin despegar.
Con esta nueva embestida, el mandatario profundiza su aislamiento político y empuja aún más a su espacio hacia una crisis interna. Victoria Villarruel, por ahora, eligió el silencio.
Pero el clima de ruptura ya es evidente, y en los pasillos del Congreso muchos advierten que lo que está en juego es mucho más que una disputa entre dos figuras: se trata de la gobernabilidad misma.
