Paro y vigilia en el CONICET: la comunidad científica se planta ante el ajuste criminal de Milei
Investigadores, becarios y trabajadores denuncian el vaciamiento del sistema científico.
Paro de 48 horas, vigilia y movilización contra el recorte brutal de Javier Milei, que pone en riesgo el futuro del conocimiento y la soberanía nacional.
El conflicto en el sistema científico argentino llegó a un punto de ebullición. Investigadores, becarios y trabajadores del CONICET convocaron a un paro nacional de 48 horas los días 6 y 7 de agosto, en repudio al ajuste salvaje impuesto por el gobierno de Javier Milei, que avanza sin pausa sobre uno de los pilares estratégicos del desarrollo nacional: la ciencia y la tecnología.
La medida de fuerza estará acompañada por una jornada de lucha en el Polo Científico de Palermo (CABA), que incluirá cartelazos, charlas, un acto central, una movilización con antorchas y una vigilia durante la noche del martes.
Además, se replicarán actividades en centros científicos y universidades de todo el país, en defensa de los derechos laborales y la continuidad de los proyectos de investigación.
La situación es crítica. Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, el sistema científico ha sido uno de los blancos predilectos de su motosierra ideológica. Solo en el CONICET ya se registran más de mil despidos, y los contratos de cientos de becarios e investigadores se encuentran congelados o directamente caídos.
Los salarios han perdido más del 50% de su poder adquisitivo en lo que va del año, y los subsidios a proyectos fueron recortados a niveles históricos. Muchas líneas de investigación quedaron paralizadas, y centros de ciencia se encuentran sin funcionamiento básico ni recursos para operar.
“La destrucción del CONICET no es un error, es una decisión política”, afirman desde la Red Federal de Afectadxs del CONICET. “El gobierno no quiere ciencia ni pensamiento crítico. Quiere ignorancia, dependencia y precarización”, agregan. El mensaje no deja lugar a dudas: el vaciamiento es parte de una estrategia para disciplinar al sector académico y destruir las capacidades del Estado.
El repudio no es solo gremial, sino también social. Tras la viralización del histórico hallazgo en el cañón submarino de Mar del Plata —protagonizado por científicos y científicas argentinas a bordo del buque Víctor Angelescu—, creció la indignación por el contraste entre ese logro y el desprecio del gobierno hacia la ciencia nacional.
Javier Milei ha reiterado su intención de eliminar el CONICET, despreciando públicamente la investigación científica y promoviendo una lógica de mercado incompatible con las políticas públicas de conocimiento. La consigna que más se repite en estos días entre quienes protestan es simple pero potente: “Sin ciencia no hay futuro”.
El conflicto, que ya sacude al mundo académico, amenaza con escalar si el gobierno no da respuestas. Por ahora, solo hay silencio, indiferencia e ideología de ajuste. Pero la comunidad científica decidió no callar más.
Con antorchas en la calle y el orgullo del conocimiento como bandera, los trabajadores del CONICET se plantan contra la motosierra que pretende arrasar con el pensamiento, la investigación y la soberanía.
