Cita entre el poder y el negocio: Olmedo y Romero, juntos en IMAC bajo sospecha de intereses cruzados
La imagen del senador Juan Carlos Romero y el empresario Alfredo Olmedo en la clínica IMAC reaviva sospechas sobre vínculos empresariales y privilegios en el sistema de salud salteño.
La escena, lejos de ser inocente, deja al descubierto una posible red de poder económico y político que se reproduce en silencio, pero con impacto directo en la vida de miles de salteños.
En una provincia donde el acceso a la salud pública es una carrera de obstáculos para los sectores más humildes, y donde los hospitales sufren faltantes crónicos de insumos, profesionales y recursos, ver al senador Juan Carlos Romero y al empresario Alfredo Olmedo reunidos en las puertas de la clínica privada IMAC no es un dato menor. Todo lo contrario: es una postal que dice mucho más de lo que parece.
Las fotografías tomadas en las escalinatas del sanatorio no muestran solo a dos figuras públicas saludándose. Muestran la continuidad de un entramado de poder que mezcla política, negocios y privilegios.
Según versiones que ya circulan en los pasillos del poder, la conversación habría girado en torno a temas económicos y vinculados directamente al manejo de servicios de salud.
No es la primera vez que se señala a Romero como propietario —directo o indirecto— de IMAC. Incluso desde sectores médicos se han planteado dudas sobre la relación entre las decisiones del poder político y el crecimiento de ciertos prestadores privados.
La coincidencia de su presencia con la de Olmedo, un empresario que ha intentado incursionar en distintos rubros económicos al amparo del marketing político, no hace más que encender nuevas alarmas.
Olmedo, acostumbrado a declaraciones altisonantes y discursos de corte ultraconservador, ahora aparece como interlocutor frecuente de quienes manejan los hilos del poder real en Salta. Ya no se trata solo de una figura que polariza en lo mediático: sus vínculos con sectores empresariales ligados a servicios esenciales, como la salud, lo colocan en otro plano. Un plano donde las decisiones no siempre se toman en el Congreso o en la Legislatura, sino en pasillos privados, sin transparencia ni control.
El problema no es solo quiénes se reúnen, sino lo que esas reuniones representan. Mientras muchos salteños esperan meses por una cirugía, o deben viajar horas para acceder a una consulta médica especializada, quienes ocuparon los lugares más altos del poder se sientan a planificar —aparentemente— nuevas jugadas desde espacios donde la salud se convierte en negocio.
Romero, con décadas en la cima de la política provincial, y Olmedo, con ambiciones renovadas, parecen volver a encontrarse bajo una misma lógica: capitalizar el Estado desde el sector privado. No sorprende que ese punto de encuentro sea una clínica, un símbolo perfecto de la privatización de lo que debería ser un derecho.
La foto no es inocente. Y lo que representa tampoco.
Es tiempo de preguntarse cuánto más pueden avanzar los intereses personales sobre los derechos colectivos. Porque mientras ellos conversan entre pasillos, muchos siguen esperando en salas de guardia colapsadas.
