La peor semana de Milei: derrotas, escándalos y un silencio que huele a impunidad
El Presidente atraviesa una crisis sin precedentes: perdió en el Senado, estalló un escándalo de corrupción que golpea a su círculo íntimo y su único plan de gobierno parece ser el silencio y la propaganda. La motosierra prometida se le volvió en contra y empieza a cortar en su propio poder.
La gestión de Javier Milei quedó desnuda esta semana. Lo que hasta hace poco se sostenía con marketing, insultos y puestas en escena en redes sociales, se derrumbó frente a una realidad que ya no se puede tapar: el Gobierno perdió poder, perdió credibilidad y empieza a perder el miedo que generaba.
La renuncia de Diego Spagnuolo, íntimo del Presidente, mostró que ni siquiera los “hermanos de la vida” del mileísmo resisten el olor a corrupción. Y lo más grave: las denuncias apuntan de lleno a Karina Milei, la hermana todopoderosa, la que maneja con mano de hierro la caja política.
El Senado lo dejó en ridículo: sus decretos de Sturzenegger fueron volteados y organismos históricos como el INTA y el INTI sobrevivieron al intento de liquidación. Fue una paliza institucional que dejó claro que Milei está solo, sin aliados y sin capacidad de negociar.
Encima, en el Council of the Americas, donde esperaba aplausos unánimes del establishment, se encontró con empresarios que —aunque le sonreían en público— en privado lo acusan de estar asfixiando la economía real.
Y mientras el país se incendia, Milei eligió el peor camino: el silencio cobarde. No da la cara, no explica nada, y su vocero Adorni lleva más de una semana escondido. El libreto es tan pobre como peligroso: “hagamos de cuenta que nada pasa y sigamos con el show”.
Hoy, Milei gobierna un país paralizado, con salarios pulverizados, sin respaldo político y con su círculo íntimo manchado por denuncias. La motosierra que prometió para “la casta” terminó volviéndose contra él: la casta está más viva que nunca, y el que sangra es el propio Gobierno.
