Milei, entre las coimas y las encuestas: el experimento libertario al borde del derrumbe
El gobierno de Javier Milei atraviesa la peor semana desde que asumió y los números empiezan a confirmarlo: según la consultora Proyección, más del 75% de los argentinos conoce el escándalo de corrupción que estalló en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), y la mitad de sus propios votantes cree que Karina Milei está implicada en el cobro de coimas.
El “no nos van a robar más” que vociferó la hermana del Presidente en La Matanza suena a burla en boca de alguien mencionado una y otra vez en los audios de Diego Spagnuolo, el abogado amigo del mandatario que apareció con dólares, celulares y hasta una máquina de contar billetes.
Mientras tanto, en la Casa Rosada ensayan un libreto de cinismo: aseguran que “no afectará en nada la campaña” y que “vamos a ganar igual”. Pero la realidad es otra: en las últimas semanas Milei acumuló derrotas legislativas, vetos rechazados y un frente social en ebullición que ya no compra el verso de la “casta” cuando los que aparecen embarrados son justamente sus íntimos: Karina, los Menem y los operadores que se pasean por Olivos como dueños de la caja.
Los efectos políticos empiezan a escalar: en Diputados ya circula la posibilidad de correr a Martín Menem de la presidencia de la Cámara por sus negocios con el Banco Nación, la venta de candidaturas y ahora su defensa cerrada de Karina.
El oficialismo logró bloquear algunos intentos, pero hasta sus propios aliados admiten que “en este contexto es muy difícil pedir favores”.
La encuesta de Proyección lo confirma: un 30% de quienes lo votaron hoy dudan de volver a hacerlo y un 20% asegura que ya no lo hará nunca más. El mito del “León incorruptible” se desarma frente a los audios, los dólares y el silencio ensordecedor del Presidente, que todavía no se digna a dar explicaciones a la sociedad.
Lo único que Milei atina a hacer es vetar leyes: contra jubilados, contra personas con discapacidad, contra universidades, contra hospitales como el Garrahan. Su agenda parece escrita para blindar el ajuste y sostener negocios privados, aun cuando la política le empieza a dar la espalda.
El experimento libertario, que prometía ser una revolución contra la “casta”, se hunde en la misma corrupción que decía combatir. Y lo hace con la peor de las ironías: con Karina Milei, “El Jefe”, como protagonista.
