El derrumbe de Milei según la gente 🕳️
El sondeo de la UTDT y Poliarquía no deja lugar a matices: Milei está en su punto más bajo de confianza desde que llegó a la Rosada.
En números: apenas 2,12 puntos sobre 5, una caída de más del 13% en un mes. Y eso antes de que explotara a nivel mundial el escándalo por las coimas en la ANDIS.
Lo que aparece en el informe es un patrón:
- Error político tras error político: romper con gobernadores, perder el control del Congreso, vetar leyes sensibles (jubilaciones, discapacidad, hospitales). El “león antisistema” terminó convertido en lo que juraba combatir: un presidente aislado, sin reflejos y cada vez más casta.
- Error económico autoinfligido: el desarme desprolijo de las LEFIs fue un torpedo directo a la confianza del mercado y de las pymes. El famoso “motor del consumo” se está apagando, y hasta Caputo tuvo que admitir que el frenazo ya se siente.
- La mentira de la sensibilidad social: cuando se mete tijera en salud, jubilaciones o discapacidad, lo que queda en el aire es un presidente que no se identifica con el sufrimiento real de la gente. El informe lo dice con todas las letras: Milei luce como un “rey desnudo”.
El golpe más duro: su propio relato se le cae
Al principio, Milei encarnaba la bronca contra la casta. Pero gobernar es gestionar, y gestionar lo fue empapando de los mismos vicios que señalaba. Ahora, con los audios que lo salpican a él y a su hermana Karina, el marketing del “héroe que lucha contra los corruptos” se desarma en tiempo real.
La ironía es cruel: los que venían a cortar con “los curros de la política” son señalados por armar los propios. Y la encuesta lo refleja: la confianza no se derrumba por un ajuste impopular, sino porque la gente siente que les mintieron.
Más que un tropiezo electoral
El desplome de confianza no es solo un problema de campaña: es una grieta en la legitimidad del proyecto libertario. Milei se queda sin contrato con la sociedad. Ya no alcanza con echarle la culpa al kirchnerismo. Ya no alcanza con gritar “¡Viva la libertad, carajo!”.
Porque lo que la encuesta muestra no es enojo pasajero: es desilusión. Y cuando la bronca se transforma en desilusión, ya no hay relato que la maquille.
