Lo que está en juego 🪡
La sesión no fue solo un cruce entre diputadas: fue un espejo del caos que rodea al oficialismo, con Martín Menem tironeando de los hilos y Lilia Lemoine actuando de escudo improvisado.
La acusación de Pagano es punzante: el presidente de la Cámara no construye autoridad, la impone a los gritos y al manoseo de reglamentos.
El núcleo duro del escándalo
- Coimas en la ANDIS: Pagano quiso preguntar sobre los medicamentos y los audios que arrastran a Karina Milei. El oficialismo evitó la respuesta y montó un show de distracciones.
- La sombra de los Menem: los WhatsApp filtrados entre Menem y Lemoine exhiben un nivel de coordinación poco transparente.
- El celular como símbolo: Pagano puso el suyo a disposición de la Justicia. Desafió a Lule y a Martín Menem a hacer lo mismo. El silencio de ambos es un ruido ensordecedor.
El tiro por la culata
Pagano terminó capitalizando el desorden:
- Se mostró como víctima de hostigamiento en plena sesión.
- Señaló la extorsión interna del bloque libertario (“te rajan a tu gente si hablás”).
- Instaló a Menem como “titiritero” de Lemoine, un apodo que difícilmente logre despegarse.
Conclusión dura
En un Congreso que debería debatir cómo sacar al país de la crisis, lo que quedó en escena fue un acting de camarilla: Menem jugando al capataz, Lemoine a la guardaespaldas y el escándalo de coimas creciendo como bola de nieve. Lo que Pagano puso sobre la mesa es que no se trata solo de corrupción: se trata de un poder que no sabe gobernar sin gritos, hilos ni sombras.
