El escándalo Spagnuolo golpea de lleno a Milei: temor en LLA por fuga de votos y abstención en Buenos Aires
El caso de las coimas en la ANDIS atraviesa al Gobierno y erosiona el discurso anticasta del Presidente.
En La Libertad Avanza admiten que el votante blando puede darse vuelta o directamente no ir a votar.
Javier Milei llega tambaleando a la recta final de la campaña electoral en Buenos Aires.
El escándalo de los audios de Diego Spagnuolo, exfuncionario de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), detonó una crisis inesperada en el oficialismo: por primera vez, las sospechas de corrupción no recaen en “la casta” tradicional, sino en el círculo íntimo del propio Presidente, con Karina Milei y los primos Menem como protagonistas.
El Gobierno, que ya atravesaba un clima de tensión por la violencia política y la recesión, enfrenta ahora un problema aún más corrosivo: el impacto del caso en las urnas.
En el comando libertario reconocen que el escándalo puede desmovilizar a los votantes blandos y abrirle la puerta al peronismo en su bastión histórico.
“Esto nos pega de lleno. El votante blando puede quedarse en su casa y dejar que el PJ movilice su aparato. Es el peor escenario”, confiesan en privado cerca de Sebastián Pareja, jefe de campaña de Milei en Buenos Aires.
Los audios de Spagnuolo, que hablan de coimas, negocios turbios con laboratorios y nombramientos digitados por “Lule” Menem, desmoronaron el relato oficialista de la lucha contra la corrupción.
En redes sociales, la militancia opositora bautizó el caso como el “coimazo libertario” y el golpe simbólico es evidente: Milei, que prometía barrer a la casta, aparece ahora con su propio elenco manchado.
En la Casa Rosada reina el desconcierto. Nadie esperaba un escándalo de estas dimensiones a diez días de las elecciones bonaerenses, donde Axel Kicillof apuesta a consolidar el dominio peronista. Y el propio Milei parece no encontrar respuestas: se refugia en Olivos, repite que se trata de “una opereta kirchnerista”, pero los sondeos internos ya registran una caída de tres puntos en la imagen del Gobierno.
El problema no es solo estadístico. En los municipios clave del conurbano, los intendentes peronistas manejan la maquinaria electoral y el oficialismo teme que la baja participación lo hunda. “Si la gente que quería castigar al kirchnerismo se queda en la casa por el caso Spagnuolo, estamos perdidos”, admite un operador de LLA.
Las encuestas muestran que la corrupción pesa especialmente entre el electorado de clase media que votó a Juntos por el Cambio en 2023 y que se volcó a Milei en segunda vuelta. Esos votantes “prestados” ahora ven al libertario convertido en lo que él mismo juraba combatir: un gobierno atravesado por negocios oscuros y favores de familia.
El peronismo, por su parte, huele sangre. Sus dirigentes ya bautizaron al affaire como “el Lava Jefe” —en referencia a Karina Milei, “El Jefe”— y confían en que el escándalo dinamite la épica libertaria. En las charlas de pasillo del PJ bonaerense se repite la frase: “Milei perdió la bandera de la anticorrupción, y sin esa bandera, se le cae el disfraz de outsider”.
El círculo íntimo del Presidente busca cerrar filas. Los Menem desmintieron en cadena las acusaciones, mientras que Karina Milei mantiene un silencio calculado. Pero las explicaciones llegaron tarde y suenan débiles: el daño político ya está hecho.
Apenas un año después de haber irrumpido en la política nacional prometiendo dinamitar los privilegios, Milei enfrenta el peor fantasma para cualquier dirigente: que lo vean igual que a los que decía combatir.
El 7 de septiembre no solo se juega la elección bonaerense. Para Milei, está en juego su credibilidad. Y si la corrupción se convierte en el sello de su gobierno, su “batalla contra la casta” habrá muerto antes de empezar.
