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Milei prepara tijera en los subsidios: menos gas en verano, menos luz en invierno y más castigo al bolsillo de los argentinos

El gobierno libertario de Javier Milei avanza en un nuevo capítulo de su ajuste salvaje: ahora planea recortar los subsidios a la energía, con un esquema que dejaría a los hogares con menos asistencia para el gas en verano y para la electricidad en invierno.

La medida, que fue adelantada por el secretario coordinador de Minería y Energía, Daniel González, amenaza con golpear aún más a millones de familias que ya no llegan a fin de mes.

El plan, que busca complacer al FMI y mostrar un “superávit” fiscal a cualquier costo, deja al descubierto una verdad incómoda: mientras las empresas energéticas reciben aumentos y beneficios millonarios, los usuarios pagan facturas cada vez más impagables sin que el servicio mejore.

“¿Tiene sentido subsidiar el gas en verano?”, se preguntó González en una entrevista.

La respuesta oficial es que no, aunque los especialistas advierten que la quita impactará de lleno en sectores que dependen de la electricidad para calefaccionarse en los meses más fríos, especialmente en provincias del norte y en los barrios populares que no tienen red de gas natural.

El relato oficial habla de “focalizar” los subsidios. La realidad es otra: el gobierno ya recortó más de USD 2.100 millones en subsidios a luz y gas en lo que va del año, con una baja interanual del 54%, y ahora prepara la segunda fase del ajuste. Los números cierran en los balances de Caputo y Bausili, pero cada vez más argentinos se enfrentan a facturas impagables y a servicios deteriorados.

El trasfondo político también es evidente: en invierno, el Gobierno evitó trasladar el 100% de los costos a las boletas por temor a una reacción social en la previa electoral.

La motosierra se postergó unos meses, pero ahora vuelve con más fuerza, bajo la receta que exige el Fondo.

Mientras Milei y sus ministros hablan de “optimizar el sistema”, en la práctica significa que los argentinos deberán elegir entre pagar la luz o el gas, o resignarse a vivir con frío y cortes de energía.

El ajuste energético no distingue entre pobres y clase media: todos pagan más, pero solo algunos pocos ganan.

La paradoja es brutal: Milei prometió “terminar con los privilegios de la casta”, pero en los hechos recorta a los sectores más vulnerables mientras garantiza la rentabilidad de las grandes empresas del sector. En el tablero económico, el pueblo vuelve a ser el fusible del ajuste.

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