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Milei bajo presión: entre la obediencia a las corporaciones y el rechazo creciente en el Congreso

El presidente Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más críticos desde que llegó a la Casa Rosada. Pese a su constante intento de mostrarse respaldado en el plano internacional —como en la reciente foto con Donald Trump—, en Argentina la realidad política y social lo golpea de frente.

En el Congreso, el oficialismo acumula derrotas: la oposición avanza con la censura al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y en el Senado se prepara para rechazar los vetos presidenciales.

El mensaje es claro: la estrategia de gobernar por decreto y con amenazas de veto perdió fuerza, y el mandatario se va quedando cada vez más aislado.

Pero lo más grave es que mientras Milei justifica con el eslogan de “no hay plata” los recortes en salud, educación y políticas sociales, su gestión benefició a sectores concentrados de la economía. La quita de retenciones a las cerealeras, denunciada como un negocio hecho a medida de las corporaciones, evidencia que el ajuste recae sobre los trabajadores y las provincias, mientras los grandes grupos reciben favores a medida.

El malestar se multiplica en la calle y en los despachos legislativos: sindicatos, gobernadores e intendentes advierten que el rumbo económico es inviable. Lejos de ser el “león” que Milei proclama en sus discursos, el presidente aparece cada vez más como un mandatario encerrado en su propio relato, debilitado y sometido a los intereses que juró combatir.

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