Bullrich y el caso Machado: un blooper que expone algo más que un error
El insólito episodio protagonizado por Patricia Bullrich, quien por error llamó al periodista Diego Iglesias creyendo que se trataba del fiscal antinarcóticos del mismo nombre, dejó al descubierto mucho más que una confusión telefónica.
Reveló el seguimiento personal y directo de la ministra sobre una causa judicial sensible que salpica al libertario José Luis Espert, aliado político del Gobierno.
“¿Cómo viene el tema este de la extradición de Machado?”, preguntó sin rodeos la funcionaria, en referencia al empresario acusado de narcotráfico Federico Machado, requerido por la justicia estadounidense y vinculado a una trama que el propio oficialismo intenta minimizar.
El periodista relató la secuencia en su programa de radio y la historia se volvió viral: un error que dejó al desnudo lo que muchos sospechaban, que Bullrich sigue de cerca la investigación que compromete a un hombre del espacio libertario, mientras el presidente Javier Milei evita pronunciarse públicamente.
Lejos de ser una simple anécdota, el hecho vuelve a poner bajo la lupa el doble discurso del Gobierno en materia institucional: una ministra que dice respetar la independencia judicial, pero que llama personalmente para saber el avance de un expediente en plena efervescencia política.
El nerviosismo con el que Bullrich intentó corregir su error —según contó Iglesias— refleja la incomodidad de una gestión que empieza a tropezar con sus propias contradicciones: proclaman transparencia y republicanismo, pero operan detrás del telón cuando los suyos están en la mira.
El caso Machado no solo inquieta a Espert. También erosiona la narrativa libertaria de la “lucha contra las mafias”, mientras el país enfrenta una escalada de violencia, narcotráfico y descontrol económico.
En el fondo, el llamado de Bullrich no fue solo un blooper: fue una muestra del nerviosismo político que empieza a sentirse en la Casa Rosada.
