Dalbón vs. Milei: cuando la corrupción deja de ser relato y toca a los que se creían intocables
El caso ANDIS explotó donde más duele: en el discurso de la “casta” y la supuesta superioridad moral del Gobierno libertario. El escándalo involucra fondos para personas con discapacidad —un área que ni siquiera los más cínicos del poder suelen tocar— pero que bajo la gestión Milei habría sido terreno de sobreprecios, direccionamientos y negocios turbios.
Dalbón no habló en abstracto. No escribió “vamos a investigar”. Dijo: “Voy por vos y por tu hermana.”
Directo. Personal. Sin eufemismos.
Y ese mensaje tiene un peso enorme: no solo apunta a Spagnuolo, ex titular de ANDIS. Señala lo que muchos sospechan: que el poder real pasa por Karina Milei y que ningún negociado se arma sin su sombra detrás.
En apenas 11 meses de gobierno, Milei ya enfrenta una causa de corrupción estructural, con denuncia penal y una indagatoria judicial en curso. No por sobresueldos. No por un funcionaro menor. Por fondos para personas con discapacidad.
Es el límite moral que ni los que fracasaron antes se animaron a cruzar.
Y es también la primera vez que el círculo de Milei siente la presión judicial seria. Por eso se entienden sus ataques desesperados a la prensa, la Justicia y cualquier voz que lo critique. Ahora sabemos por qué hablaba de “enemigos del Estado”: porque el enemigo era el espejo.
No hay libertad cuando el negocio es con los que más necesitan.
No hay casta más obscena que la que usa a los vulnerables para enriquecerse.
