Un salario mínimo de indigencia: la crueldad hecha política
Lo que Milei acaba de decretar no es una medida económica: es una sentencia de pobreza para millones de trabajadores. Fijar un salario mínimo que queda por debajo de la canasta de indigencia no es ignorancia, es saña.
Es gobernar con calculada indiferencia hacia la gente que se levanta todos los días para sostener un país que él desprecia.
Mientras el Presidente se la pasa hablando de “libertad”, les marca a los laburantes un ingreso que no alcanza ni para comer, volviendo a la Argentina un experimento social donde el sacrificio siempre lo pone el mismo: el que trabaja.
Dos años con el salario mínimo congelado y ahora un “aumento” que no llega ni a 6 mil pesos por mes. Un chiste. Un insulto.
Una demostración más de que Milei gobierna con lógica de ajuste permanente y una mirada completamente desligada de la realidad cotidiana de las familias.
Un salario mínimo que equivale a un tercio de la canasta básica y queda por debajo de la canasta de indigencia es, simplemente, condenar a la Argentina trabajadora a la humillación.
Porque mientras Milei habla de “caste”, él está construyendo la peor de todas: una Argentina dividida entre los que pueden comer y los que no.
Una vez más, Milei demuestra que su guerra no es contra la política, ni contra los privilegios: es contra los trabajadores, los jubilados y los que menos tienen.
Y lo más cruel es que lo hace con orgullo, como si destruir derechos fuera un trofeo.
Si este es el rumbo, la única libertad que va a quedar en pie es la libertad de morirse pobre.
