La “reforma laboral” de Milei: un retroceso histórico hecho a medida del poder económico
El Gobierno avanza con un proyecto que flexibiliza vacaciones, elimina antigüedad y reemplaza indemnizaciones, mientras habla de “modernización”.
En realidad, es la consagración de la impunidad empresarial y el fin de las garantías para los trabajadores.
El nuevo borrador de reforma laboral que Milei pretende imponer a toda velocidad no es una modernización: es el mayor retroceso de derechos en décadas, diseñado para debilitar al trabajador, blindar a las empresas y disciplinar a los gremios.
Detrás del discurso de “libertad”, el Gobierno prepara una reforma que flexibiliza vacaciones, permite perder antigüedad al cambiar de empleador, y reemplaza las indemnizaciones por un fondo de cese financiado por aportes mensuales. Una medida que, lejos de “previsibilidad”, abre la puerta a un mercado laboral descartable, donde echar gente sea más barato que respetar derechos.
El “banco de horas” es otra pieza clave del engaño libertario: acumular horas extra para ser usadas como francos futuros, sin pago adicional. Más trabajo, menos salario. El sueño de cualquier CEO, la pesadilla de cualquier laburante.
El Gobierno justifica todo en nombre de la “generación de empleo”. Pero ya conocemos ese verso: nunca funcionó en ninguna parte. Lo que sí genera es precariedad estructural, un trabajador débil y un empleador con todo el poder para decidir sobre la vida laboral de la gente.
La eliminación de la antigüedad en caso de cambio de empleador es directamente un golpe al corazón del sistema laboral argentino. Es borrar de un plumazo décadas de trayectoria, esfuerzo y estabilidad, reduciendo al trabajador a un número intercambiable.
Mientras tanto, Milei pretende limitar la “discrecionalidad” de los jueces laborales. Dicho en criollo: quiere jueces más dóciles, menos protectores del trabajador y más funcionales a las empresas. Una reforma a medida del poder económico, no de los ciudadanos.
Es llamativo cómo Milei y su gabinete hablan de “segunda generación de reformas”, como si el país estuviera ante un momento heroico. La verdad es mucho más cruda: están aprovechando su mayoría circunstancial para avanzar sin consenso, sin diálogo y atropellando a los sectores que ya vienen golpeados por la inflación, el ajuste y la pérdida del poder adquisitivo.
El Gobierno sabe que habrá conflictos, movilizaciones y resistencia sindical. Lo admiten ellos mismos. Pero aún así insisten. Porque este proyecto no busca mejorar la vida de los argentinos: busca garantizar impunidad y flexibilidad total para quienes tienen poder.
Lo que viene no es un mercado laboral moderno:
es un país donde el trabajador queda indefenso y el empleador se queda con todo.
Y eso no es libertad: es sometimiento disfrazado de reforma.
