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La impunidad Romero: un sistema que se cayó solo

Las causas que hoy acorralan a Bettina Romero no son un invento, ni un pase de factura política: son el resultado inevitable de años de soberbia, improvisación y un manejo del Estado como si fuera un patrimonio familiar.

Peculado, fraude, contratos irregulares, sobrecertificaciones, actas adulteradas… No es una causa aislada: es un patrón. Y ese patrón tiene apellido.

Mientras Salta necesitaba gestión, transparencia y sensibilidad, la ciudad tuvo una intendenta rodeada de funcionarios que hoy desfilan por la Justicia por desviar mercadería destinada a los más vulnerables, inflar obras, firmar acuerdos perjudiciales para el municipio y manipular documentos públicos.

Lo más grave es que esta historia no empieza con Bettina ni termina en ella. Los Romero llevan décadas acumulando causas que nunca llegan a sentencia. Un privilegio judicial que ningún salteño común tiene.

Hoy la Justicia tiene la oportunidad —y la obligación— de demostrar que no existen familias intocables, que el poder heredado no puede ser un blindaje y que el daño al Estado se paga, independientemente del apellido.

Salta ya habló en las urnas.
Ahora le toca hablar a la Justicia.

Y esta vez, sin mirar para otro lado.

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