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Roque Cornejo, otra voz que elige la indignación selectiva según le conviene

Las declaraciones de Roque Cornejo Avellaneda sobre la asunción de Daniel Moreno revelan, una vez más, su especialidad: levantar la bandera de la moral cuando le sirve políticamente y mirar para otro lado cuando los cuestionados están en su propio espacio o cuando sus alianzas así lo exigen.

Cornejo volvió a instalarse en el centro de la escena con discursos grandilocuentes sobre institucionalidad, como si no fuera el mismo senador que ha guardado silencio en múltiples situaciones igual o más graves.

Su repentina preocupación por “dar señales claras” suena más a oportunismo que a convicción.

Habla de “doble vara”, pero es él quien la practica: exige pureza ajena mientras evita hacerse cargo de las contradicciones dentro de su propio bloque. Señala con el dedo al Senado, pero omite su responsabilidad directa como legislador que, con su estilo tribunero, parece más interesado en los titulares que en resolver los problemas de fondo.

Cornejo critica los aplausos, pero vive de la sobreactuación. Reclama prudencia institucional, pero nunca la aplica cuando se trata de golpear políticamente.

Es fácil indignarse cuando el costo político lo paga otro; lo difícil es sostener principios con coherencia. Y eso es justamente lo que le falta.

Roque Cornejo volvió a hacer lo que mejor sabe: aparecer como fiscal de la moral ajena mientras sigue acumulando gestos que demuestran que, para él, la política es más espectáculo que responsabilidad.

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