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Venezuela en shock tras la captura de Maduro: Delcy Rodríguez asumió la presidencia en medio de una ofensiva estadounidense avalada por Milei

La detención de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos abrió un escenario inédito y explosivo en Venezuela, pero también dejó al descubierto el alineamiento incondicional del Gobierno argentino de Javier Milei con la política exterior de Washington, incluso frente a una intervención militar extranjera en la región.

Tras la captura del líder chavista y de su esposa, Cilia Flores, el Tribunal Superior de Justicia venezolano proclamó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, alegando la “vacancia” del cargo y la necesidad de garantizar la continuidad institucional. La decisión se tomó luego de una jornada marcada por la tensión, la presión internacional y negociaciones a puertas cerradas con la Casa Blanca.

Mientras Donald Trump celebraba públicamente el operativo y elogiaba a Rodríguez, el gobierno argentino optó por el silencio cómplice, evitando cualquier condena a una acción militar que violó la soberanía de un país latinoamericano. Una postura que confirma que, bajo Milei, la política exterior argentina dejó de ser soberana para convertirse en un apéndice de los intereses estadounidenses.

Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta del régimen chavista, reclamó inicialmente una prueba de vida de Maduro y su “inmediata liberación”, pero horas más tarde fue proclamada presidenta por el máximo tribunal venezolano, que ordenó notificar al alto mando militar y al Consejo de Defensa de la Nación.

La escena fue tan caótica como reveladora: Trump llegó a afirmar que Rodríguez “ya había jurado” como presidenta y ventiló conversaciones privadas en las que, según él, la dirigente venezolana habría dicho: “Haremos lo que necesiten”. Declaraciones que refuerzan la sospecha de un proceso tutelado desde Washington.

En Argentina, Milei —que se autopercibe como adalid de la libertad— no tuvo reparos en respaldar de hecho una captura internacional sin juicio previo, contradiciendo principios básicos del derecho internacional que el país históricamente defendió. Una vez más, el Presidente eligió subordinar la política exterior argentina al dogma ideológico y al vínculo personal con Trump, aun cuando eso implique avalar operaciones militares y desestabilización regional.

La caída de Maduro y la asunción de Rodríguez no solo reconfiguran el mapa político venezolano, sino que exponen con crudeza el nuevo rol de Argentina en el mundo: un país que ya no media, no cuestiona y no defiende la autodeterminación de los pueblos, sino que aplaude desde la tribuna cada decisión que baja desde Estados Unidos.

Una postura peligrosa, que no solo erosiona la tradición diplomática argentina, sino que vuelve a colocar a la región al borde de conflictos mayores, con gobiernos como el de Milei dispuestos a mirar para otro lado.

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