Mientras Milei congela salarios y ajusta a los que trabajan, en Salta hubo acuerdo paritario: 23% de aumento anual y bono de $50.000
Con diálogo, previsión y presencia del Estado, el Gobierno salteño demuestra que hay otra forma de gobernar, lejos del ajuste salvaje y los discursos de odio
En un país donde el Gobierno Nacional no sólo ha decidido abandonar su responsabilidad con el pueblo trabajador, sino que se jacta de destruir al Estado y dinamitar los derechos conquistados, Salta marca la diferencia. Mientras Javier Milei avanza con despidos masivos, parálisis presupuestaria y salarios pulverizados por la inflación, el Gobierno de la Provincia alcanzó un acuerdo paritario anual del 23% con los gremios que representan a los trabajadores del sector público.
El acuerdo incluye además un bono de $50.000 que será percibido este fin de semana, junto con los sueldos de julio, por todos los empleados públicos. El ministro de Economía provincial, Roberto Dib Ashur, lo dijo claramente: “Creemos en el Estado eficiente, presente y ordenado”. Una frase que parece una provocación para un presidente que desprecia lo público, que no cree en los consensos y que ataca a los trabajadores como si fueran enemigos internos.
El aumento del segundo semestre será del 14%, distribuido en tres tramos (4% en agosto, 5% en octubre y 5% en diciembre), y se suma a una serie de mejoras específicas por sector: jerarquización para docentes, aumentos en transporte, pases a planta en salud, ingresos en seguridad y adicionales en la administración central. Además, se anunció una inversión de más de $10.000 millones en infraestructura escolar y centros de salud. Todo esto sin gritos, sin cadenas nacionales, sin necesidad de incendiar la Constitución.
El contraste no puede ser más brutal: mientras en Nación los ministerios se vacían, las universidades se asfixian y los salarios pierden frente a una inflación sin tregua, en Salta hay gestión, hay diálogo y hay resultados concretos. Mientras Milei se pasea por shows libertarios en el exterior, en la Provincia se negocia cara a cara con los gremios, entendiendo que el Estado debe estar al servicio de la gente, no en guerra con ella.
En tiempos donde el Gobierno Nacional le da la espalda a las provincias, Salta demuestra que otro camino es posible: uno en donde no se castiga a los que trabajan, no se cierran escuelas ni hospitales, y no se deja a nadie atrás.
Porque el verdadero orden no se impone con gritos, sino con responsabilidad. Y el verdadero federalismo no se declama, se ejerce.
