Mientras el dólar se dispara, Milei mira para otro lado y promete “intervenir después”
En medio de una nueva corrida cambiaria, el Gobierno nacional volvió a minimizar el impacto de la suba del dólar y dejó entrever que recién intervendrá si el tipo de cambio supera el techo de la banda estipulada.
Una reacción tardía frente a un mercado que ya le marca el pulso y deja en evidencia que la “motosierra” y la “licuadora” no alcanzan para frenar la desconfianza.
Este jueves, el dólar oficial se disparó $55 y cerró a $1380 en el Banco Nación. Solo en julio acumuló una suba del 13%, alimentada por la incertidumbre económica, la caída en la liquidación del agro y los desequilibrios financieros profundizados por el desarme de las letras fiscales (LEFI), que liberaron al mercado unos $15 billones de pesos.
En la Casa Rosada insisten en que “no están preocupados” porque el dólar sigue dentro de la banda. Una frase que suena más a excusa que a estrategia. Desde el Gobierno aseguran que recién cuando llegue al techo, intervendrán para hacerlo bajar, como si la economía real —con precios atados al dólar, salarios estancados y reservas al límite— pudiera darse el lujo de esperar.
La volatilidad afecta tanto al tipo de cambio oficial como a las cotizaciones financieras. El dólar mayorista cerró en $1374, el MEP en $135,94 y el contado con liquidación (CCL) en $1360,62. En contraste, el dólar blue —el único no regulado— fue la cotización más baja del día: $1335.
Según analistas del mercado, la suba responde a la menor oferta de divisas del agro tras el efecto temporal de la baja de retenciones y al exceso de pesos liberados tras el desarme de instrumentos del BCRA. En ese contexto, la promesa del Gobierno de que intervendrá “más adelante” suena a cinismo, o peor aún, a una política deliberada de devaluación por goteo.
En los próximos días se espera el desembolso de US$2000 millones del FMI. También se habla de una posible revisión de las metas de acumulación de reservas. Sin embargo, nada parece suficiente para recuperar la confianza: la economía no encuentra piso, la inflación se recalienta y el Gobierno no muestra voluntad real de estabilización.
Mientras tanto, Milei sigue responsabilizando a “la casta”, a “la herencia” y a enemigos imaginarios. Pero los datos son concretos: el dólar sube, la pobreza crece, y la motosierra que prometía cortar privilegios solo está rebanando los ingresos populares.
