🔥 Fin del blindaje: El Congreso le bajó el martillo a Milei y su gobierno quedó desnudo
Javier Milei sufrió en el Congreso una de sus peores derrotas políticas: la oposición le rechazó 12 decretos claves y desnudó la fragilidad de un gobierno que habla de libertad pero gobierna por decreto.
Sturzenegger, su ministro estrella, quedó humillado. Y el relato de la motosierra, tambaleando.
Lo que ocurrió en la Cámara de Diputados no fue solo una derrota parlamentaria: fue una radiografía brutal del aislamiento político y la soberbia institucional del gobierno de Javier Milei. En una jornada que se recordará como un punto de quiebre, el Congreso rechazó 12 decretos fundamentales para el plan de desguace del Estado que impulsa el oficialismo.
Lo hizo con una mayoría transversal, que incluyó a peronistas, radicales, federales y gobernadores, hartos del desprecio del presidente por la política.
Entre los decretos rechazados figuran la eliminación del INTA, INTI, Banco de Datos Genéticos, la desregulación de la Marina Mercante, el vaciamiento de Vialidad Nacional, y más. Todos nacidos del laboratorio ideológico de Federico Sturzenegger, el funcionario que sueña con gobernar sin Congreso ni Constitución.
La oposición no solo rechazó los decretos, sino que mostró algo más profundo: que el miedo a Milei se rompió. Ya no hay blindaje mediático ni gritos en redes que detengan a un Congreso dispuesto a frenar el autoritarismo con ropaje de liberalismo. La motosierra quedó sin filo.
Intentaron frenar el debate. Estiraron discursos. Vaciaron el recinto. Presionaron en los pasillos. Nada les sirvió. La política, tan vilipendiada por el presidente, les dio una lección de fuerza real.
Sturzenegger, símbolo de la tecnocracia sin votos ni empatía, quedó expuesto. Y Milei, que había encontrado en los DNU un atajo a la democracia, vio cómo ese camino se le cerró.
La caída de estos decretos no es solo un golpe institucional. Es un mensaje claro: si Milei quiere gobernar, va a tener que sentarse, negociar y respetar los límites que impone la democracia. Porque ya no alcanza con insultar desde Twitter ni con esconderse detrás de cadenas nacionales vacías.
Argentina no es una empresa. Y la motosierra, cuando se queda sin respaldo, se transforma en chatarra.
