“Un Gobierno roto por dentro: Milei viaja, Villarruel se despega y la corrupción avanza”
El Gobierno de Javier Milei empieza a mostrar su peor cara: la de la corrupción, la improvisación y el quiebre interno.
Mientras el Presidente vive más en los aeropuertos que en la Casa Rosada, los argentinos se hunden en la inflación, el ajuste salvaje y ahora también en un festival de escándalos de coimas que salpican a sus funcionarios más cercanos.
El ministro bonaerense Carlos Bianco no dudó: “Puede ser que estemos ante el gobierno más corrupto de la historia”.
Y los hechos le dan la razón. Primero fue la criptoestafa, después las denuncias de cobros indebidos en la ANSES y el PAMI, y ahora los audios explosivos que comprometen al titular de la ANDIS, Diego Spagnuolo, amigo y abogado personal de Milei. En su casa encontraron hasta una máquina de contar billetes. ¿Hace falta más pruebas?
La corrupción no la inventan los periodistas —como gritan los libertarios cada vez que los acorralan—.
Las causas nacen porque los hechos son demasiado groseros para esconderlos. Y la Justicia ya empezó a actuar.
En paralelo, la interna se agrava. Victoria Villarruel ya marca distancia del Presidente y sectores del oficialismo reconocen por lo bajo que el “gobierno anticasta” se parece cada vez más a lo que prometieron combatir.
La motosierra, lejos de cortar privilegios, está generando una nueva casta: la de los funcionarios millonarios con amigos prófugos y bolsos llenos de plata.
Milei podrá seguir culpando a “la casta”, a la oposición o a los “malvados periodistas”, pero la realidad es otra: su propio gobierno se está pudriendo desde adentro.
