💧 El norte salteño grita ayuda, pero el poder sigue sordo
En el Senado de la Nación, el intendente de Santa Victoria Este, Rogelio Nerón, volvió a poner en palabras el drama que hace años golpea a Rivadavia: desbordes del río Pilcomayo, sequías extremas, comunidades enteras desplazadas y familias que sobreviven bajo plásticos, con el agua y el sol como enemigos diarios.
“Necesito ayuda de mi nación y de mi provincia”, dijo Nerón. No es un pedido nuevo, ni una frase lanzada al aire: es el grito desesperado de un norte que fue olvidado por todos los gobiernos, sin importar el color político.
Mientras en Buenos Aires discuten encuestas, pactos y poder, en Santa Victoria Este las temperaturas llegan a los 55 grados, los animales mueren de sed y la gente vive de la pesca, sin servicios básicos, sin obras y sin atención.
Las promesas se repiten cada verano, los planes se anuncian, las comisiones se crean… pero nada cambia.
El senador Sergio Leavy reiteró el pedido para que Diputados trate de una vez la Ley de Emergencia para Rivadavia, que ya fue aprobada por el Senado en mayo y que busca asignar fondos específicos para obras urgentes.
Pero el tiempo pasa, los papeles se apilan y el sufrimiento continúa.
¿Hasta cuándo el norte argentino será noticia solo cuando se inunda o cuando el hambre desborda la paciencia de su gente?
¿Hasta cuándo los funcionarios van a mirar para otro lado, dejando que las comunidades originarias sobrevivan entre el barro, la sequía y el olvido?
La política se llena la boca hablando de federalismo, pero el federalismo no se declama: se ejerce con hechos. Y hoy, los hechos muestran una provincia que clama asistencia, y un país que todavía no escucha.
