La Cámara baja se rindió ante Milei: Menem reelecto y un Congreso cada vez más disciplinado
Lo que pasó hoy en Diputados no es un simple trámite parlamentario: es otra postal del alineamiento casi automático de una parte del Congreso detrás del proyecto de Javier Milei, un proyecto que no busca equilibrio democrático sino sumisión institucional.
Martín Menem fue reelecto como presidente de la Cámara con el respaldo de casi todos los bloques que hace un año se llenaban la boca hablando de “republicanismo”. Hoy, uno tras otro, terminaron entregándole el control parlamentario al Ejecutivo sin resistencia, naturalizando una conducción que ya demostró obediencia total a la Casa Rosada.
La ceremonia tuvo incluso tintes grotescos: aplaudieron antes de tiempo, como si la urgencia por celebrar fuera más fuerte que las reglas básicas de la sesión. Una alegoría perfecta de esta etapa: se aplaude primero, se piensa después.
Y mientras Milei entraba al recinto en modo show, acompañado por Karina, Adorni y Santilli, lo que realmente entraba era un mensaje político claro:
“La Cámara es mía y seguirá siéndolo.”
Menem, en su discurso, dejó en evidencia que ya no preside para el cuerpo legislativo, sino para el Presidente. Lo elogió por “el proceso de estabilización más profundo y exitoso”, aun cuando ese proceso dejó salarios destruidos, una inflación disparada, jubilaciones pulverizadas y un país empobrecido. Hablar de “éxito” en este contexto no es convicción: es obediencia ideológica.
También dedicó elogios a Karina Milei, la figura que nadie votó pero que ordena, define y disciplina. Ese “alineamiento del proyecto” que Menem celebra no es otra cosa que la consolidación de una conducción cerrada, verticalista, sin diálogo y sin federalismo.
Los bloques que acompañaron —PRO, UCR, Provincias Unidas, Coalición Cívica, Independencia, Inovación Federal y otros— siguen actuando como si tuvieran miedo de quedar afuera del humor presidencial. Y mientras tanto, la Argentina real se queda afuera de la discusión: trabajadores, pymes, provincias, jubilados… nadie aparece en el radar de este Congreso que hoy eligió la comodidad antes que el coraje.
La Libertad Avanza no es mayoría propia, pero ya logró lo que quería:
un Parlamento sin oposición firme, sin peso político y sin voluntad de poner límites.
Este capítulo no se trata de Menem ni de protocolos: se trata de cómo Milei va transformando al Congreso en un eco dócil de su agenda, mientras el país enfrenta la crisis más dura en décadas.
