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Renuncia de Villaverde: otro capítulo del desorden libertario y la interna feroz que Milei no controla

La salida de Lorena Villaverde del Senado no es un gesto de “amor y responsabilidad”, como escribió en su carta a Milei. Es el síntoma más claro de lo que realmente pasa dentro de La Libertad Avanza: caos, improvisación, operaciones internas y un liderazgo que pregona orden mientras gobierna entre escándalos y renuncias forzadas.

Villaverde no renunció porque “la vieja política la atacó”. Renunció porque Patricia Bullrich —hoy verdadera jefa del Senado libertario— la bajó de un plumazo. Y lo hizo sin disimulos: “No podemos esperar hasta febrero”, le dijo. Traducido: “Milei necesita números ya, no estorbos.”

Se cae así otro relato del Gobierno:
Mientras el Presidente habla de transparencia, libertad y república, su espacio político funciona a los empujones, con decisiones que se toman en despachos cerrados, presiones internas y operadores que antes criticaban pero hoy reproducen las mismas prácticas que decían combatir.

Villaverde quedó atrapada en esa maquinaria. Una diputada que hace 24 horas renunciaba, después retiraba su renuncia, después volvía a renunciar… un papelón institucional producto del desorden de Milei y del poder creciente de Bullrich, que termina manejando los hilos de un espacio donde el Presidente no logra controlar ni su propio bloque.

Las denuncias contra Villaverde no son menores: presuntos vínculos con un imputado por narcotráfico y lavado de activos en Estados Unidos. Esa fue la verdadera razón por la cual su desembarco al Senado se volvió un problema político para el oficialismo. Pero en lugar de asumirlo con transparencia, eligieron el camino más fácil: sacarla y hacer silencio.

El libreto libertario es siempre el mismo: cuando algo explota, dicen que “la culpa es de las operaciones”. Pero acá hubo una sola operación real:
la del propio Milei y su mesa chica para limpiar el Senado y acomodar los números como puedan.

Mientras tanto, el reemplazante será Enzo Fullone, un funcionario ligado a Vialidad Nacional y al armado territorial que el oficialismo necesita urgentemente para sostenerse. Otra muestra de que lo único que importa no es la libertad ni el mérito: es la obediencia.

La renuncia de Villaverde expone la fragilidad del proyecto libertario, que se vende como una revolución moral pero funciona con las mismas lógicas que criticó durante años.
Operaciones, presiones, desprolijidad y una interna feroz donde manda cualquiera menos Milei.

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