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Bolsonaro le ganó a Lula, pero todavía no es presidente: cómo siguen las elecciones en Brasil

Flávio Bolsonaro dio el golpe y quedó primero en las elecciones presidenciales de Brasil. Venció incluso a las encuestas, que en ese país suelen ser correctas. El hijo del ex presidente Jair – preso por cumplir una condena por intento de golpe de Estado – está a punto de volcar a su país al esquema mayoritario de gobiernos de derecha en la región sudamericana.

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil y quedó en una posición privilegiada para disputar el balotaje contra Luiz Ignácio Lula da Silva, en unos comicios que volvieron a mostrar la profunda polarización política del país. Entre ambos candidatos sumados lograron casi el 93% de los votos del total.

En un país que también vive una grieta muy importante, el senador Bolsonaro tiene una ventaja cualitativa sobre el presidente de la República.

Es la menor diferencia de los dos candidatos en una primera vuelta, pero Flávio Bolsonaro tiene – en principio – el apoyo de los dos candidatos que llegaron en tercer y cuarto puesto. Si bien lograron un magro resultado, poco más del 2% cada uno, sumar esos 4 puntos porcentuales ya le sobran al candidato de la derecha o extrema derecha para dejar sin chances a Lula da Silva de ganar una histórica cuarta presidencia.

El candidato del Partido Liberal obtuvo el 47,03% de los votos, equivalentes a más de 56 millones de sufragios, mientras que Lula alcanzó el 45,16%, con casi 54 millones. La diferencia, de poco más de dos millones de votos, convirtió al senador e hijo del ex presidente Jair Bolsonaro en el candidato más votado de la jornada.

Como no logró superar el 50% necesario para evitar una segunda vuelta, que se realizará el próximo 25 de octubre. Allí, Bolsonaro y Lula volverán a enfrentarse por la Presidencia de la principal economía de América Latina.

“Brasil quiere cambio”
Flávio Bolsonaro celebró el resultado y sostuvo que la elección representa el comienzo del final de la era del Partido de los Trabajadores. El candidato logró superar las expectativas de varias encuestas previas, que ubicaban a Lula por delante en la primera vuelta.

El resultado también mostró la fortaleza territorial del bolsonarismo. Flávio se impuso en estados clave como San Pablo y Río de Janeiro, además de avanzar con fuerza en regiones del sur, centro-oeste y norte del país. También tiene las representaciones mayoritarias en la nueva composición del Congreso. Uno de sus objetivos de campaña es lograr el juicio político del máximo tribunal de justicia del país, el STF, que condenó por golpista a su padre.

El escenario quedó abierto y la elección del 25 de octubre definirá si Brasil mantiene a Lula en el poder o inicia un nuevo ciclo político bajo el apellido Bolsonaro. Así, el gigante sudamericano quedó a un paso de volcarse a la mayoría de gobiernos de derecha que predomina en Sudamérica, en contraposición a lo ocurrido en las primeras décadas de este siglo.

Tres semanas fundamentales para Brasil y Sudamérica
Las elecciones definitorias en el principal país sudamericano serán el próximo 25 de octubre. Bolsonaro ya tiene un triunfo estratégico que debe procurar no desperdiciar. Ganó en primera vuelta y sorprendió a analistas, encuestadores y al propio presidente Lula da Silva. Y tiene una carta importante para el futuro inmediato.

Augusto Cury del partido “Avante” obtuvo el tercer lugar más que simbólico. Pero ahora, sus 2,9% de votos le darían casi automáticamente la victoria a Bolsonaro. No está identificado exclusivamente con ninguno de los dos grandes polos de la política brasileña. Sin embargo, a título personal, dijo que jamás daría su apoyo al actual presidente Lula da Silva.

En cuanto a Renan Santos, de “Missão”, que logró un 2,25% y es un desprendimiento del Movimiento Brasil Libre y ya anticipó su opción por Bolsonaro. Con ello, Flávio tendría el número para ser consagrado como presidente en el balotaje.

Las ideas en juego durante tres semanas
Lula llega a la segunda vuelta con una propuesta basada en la continuidad de su gestión, con un Estado fuerte como herramienta para reducir las desigualdades, ampliar las políticas sociales e impulsar la inversión pública.

Su programa plantea continuar con el proceso de industrialización, aumentar la inversión en infraestructura y tecnología y avanzar con una política tributaria progresiva, con mayor carga sobre los sectores de mayores ingresos y las empresas radicadas en el exterior.

En seguridad, Lula propone fortalecer la coordinación entre las fuerzas federales, estatales y municipales, ampliar el uso de inteligencia contra el crimen organizado y crear un Sistema Único de Seguridad Pública. También plantea destinar recursos a equipamiento policial, tecnología e infraestructura, además de extender el uso de cámaras corporales.

Flávio Bolsonaro, en cambio, propone reducir el tamaño del Estado, disminuir la burocracia y aplicar un mayor control sobre el gasto público. Su programa, denominado “Para que Brasil venza o atraso”, es una “motosierra” al estilo brasileño. Plantea descentralizar decisiones hacia los estados y municipios y favorecer una mayor participación del sector privado en la economía.

La seguridad es uno de los principales ejes de su campaña. Propone declarar al PCC, al Comando Vermelho y a las milicias como organizaciones narcoterroristas, endurecer las penas y ampliar significativamente la infraestructura penitenciaria.

También plantea reducir la edad de responsabilidad penal para determinados delitos graves y si consigue el número necesario en ambas cámaras del Congreso, realizar el “impeachment” (juicio político) a la Corte Suprema (Tribunal Superior de Justicia).

En política exterior, tendrá un claro acercamiento con la Argentina (los Bolsonaro tienen una gran relación con Javier Milei) y especialmente con Donald Trump y los Estados Unidos. Su principal objetivo será lograr la reducción de los elevados impuestos que que la Casa Blanca impuso al gobierno de Lula para todas las exportaciones brasileñas.

El regreso de la bandera del “Lava Jato”: Sergio Moro ganó en Paraná
Sergio Moro, el ex juez que alcanzó notoriedad nacional al conducir buena parte de las investigaciones de la operación “Lava Jato”, fue elegido gobernador de Paraná en primera vuelta y convirtió su triunfo en una reivindicación política de la lucha contra la corrupción que marcó su carrera judicial.

Fue el juez que condenó a Lula da Silva por corrupción y por la Ley de Ficha Limpia (que Lula impulsó) no pudo competir en 2018 frente a Jair Bolsonaro. Luego Moro fue ministro de Justicia del propio Bolsonaro. El Tribunal Superior de Justicia (TSF) -años más tarde- declaró “nulo” todo el proceso del “Lava Jato” y Lula recuperó la libertad luego de estar más de 500 días en prisión y su “ficha” fue blanqueada.

Ahora, el ex juez Moro tiene su “revancha popular”. Los ciudadanos del estado de Paraná lo eligieron como gobernador. El ex magistrado será uno más de la legión mayoritaria de gobernadores electos que apoyan o siguen las ideas del Partido Liberal, que comandan los Bolsonaro.

¿Un giro final hacia la derecha en Sudamérica?
Si el 25 de octubre gana Bolsonaro en el balotaje, se dará un giro completo prácticamente de la región hacia la derecha. De un claro predomino de gobiernos de izquierda – alineados con el liderazgo del propio Lula desde Brasil y el chavismo desde Venezuela – ahora esa ideología está en una minoría extrema.

Sólo el Uruguay, con Yamandú Orsi del Frente Amplio, tiene un gobierno socialdemócrata. En las últimas elecciones, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador consagraron a presidentes de derecha. Y está el caso especial de Venezuela. El gobierno del “chavismo residual” con Delcy García es un recuerdo de la influencia que tuvo la “acción bolivariana” en la región. Depende claramente de lo que disponga Donald Trump desde la Casa Blanca para actuar.

El 25 de octubre, Brasil, el gigante regional, puede volver a tener un gobierno de derecha, de la mano de otro Bolsonaro.

FUENTE : A24

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