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Caputo culpa a empresarios mientras Milei evita enfrentar la crisis de precios

En lugar de reconocer los efectos del ajuste y la dolarización parcial en la economía real, el Gobierno responsabiliza a comerciantes y proveedores por el alza de precios.

La advertencia de “cambiar el chip” revela un Ejecutivo que, mientras presume disciplina fiscal, esquiva su responsabilidad en la pérdida de poder adquisitivo y la apertura indiscriminada de importaciones.

En medio de una economía tensionada por la suba del dólar y la caída del consumo, el ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a oficiar como vocero político del presidente Javier Milei para trasladar culpas al sector privado.

Durante una intervención pública, instó a los empresarios a “cambiar el chip” y no trasladar a precios la volatilidad cambiaria, minimizando así el impacto que las propias políticas del Gobierno han tenido en la estructura de costos, el empleo y la competitividad nacional.

El discurso, que repite el libreto libertario de que “ahora hay competencia”, se da en un contexto en el que supermercados comienzan a reemplazar productos nacionales por importados más baratos, un fenómeno que golpea a la industria local y erosiona la capacidad productiva del país. Para Caputo, esta es una “buena noticia” porque “da opciones al consumidor”, aunque los datos muestran que detrás de esa supuesta competencia hay cierre de fábricas, despidos y una economía cada vez más dependiente del exterior.

Mientras el presidente Milei se jacta de no emitir y mantener un déficit cero a costa de un recorte brutal del gasto público, la inflación persiste y el poder de compra de los argentinos sigue desplomándose. La receta oficial, centrada en la apertura de importaciones y la liberalización cambiaria, ha dejado al país expuesto a una competencia desigual que favorece a grandes importadores y margina a las pymes.

El Gobierno, lejos de asumir costos políticos, parece haber encontrado en los empresarios locales un nuevo enemigo interno, un recurso discursivo que le permite sostener su relato de que “el problema son los que remarcan” y no las políticas que asfixian la producción y el consumo. Con esta narrativa, Milei esquiva la autocrítica y profundiza la grieta entre la Casa Rosada y el aparato productivo del país.

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