Sturzenegger confirmó que la reforma laboral alcanzará también a los trabajadores actuales: el ajuste más agresivo sobre derechos en décadas
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, dejó en claro que la reforma laboral del gobierno no solo regirá para quienes ingresen al mercado de trabajo en el futuro, sino también para todos los contratos vigentes.
La señal es inequívoca: el recorte de derechos no viene “gradual” ni “ordenado”, sino de manera directa, profunda y sin excepciones.
Sturzenegger justificó que “es un cambio en la ley y aplica a cualquier relación laboral”, un modo elegante de decir que los trabajadores que llevan años en una empresa también verán modificadas sus reglas, sus licencias, sus indemnizaciones y la estabilidad que creían garantizada.
Con esta decisión, el Gobierno confirma que su reforma no reconoce trayectorias laborales ni derechos adquiridos.
Uno de los puntos más controvertidos es el nuevo Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que —según el ministro— se financiará con recursos liberados por una baja de impuestos.
Sin embargo, la mecánica es otra: menos aportes al Estado, más obligación de ahorro para enfrentar despidos y contingencias, y un sistema en el que cada trabajador queda librado a la capacidad económica y la prolijidad financiera de su empleador. Es decir, la indemnización queda atada a la “buena voluntad” empresarial.
El proyecto también redefine la base de cálculo para pagar despidos, excluyendo ítems como aguinaldo, vacaciones, horas extras o premios.
En la práctica, reduce el monto real que un trabajador cobraría después de años de servicio. Y además fija un tope que busca contener los montos judiciales, bajo el argumento oficial de “reducir la litigiosidad”. Traducido: el trabajador podrá reclamar menos, y la empresa pagará menos.
La reforma también modifica vacaciones, licencias, reincorporaciones y hasta la organización de la jornada laboral. Bajo el título de “flexibilización”, se habilita el banco de horas, un sistema que históricamente terminó beneficiando solo a los empleadores.
“Nos quedamos dos horas más y no vengas el viernes”, dijo Sturzenegger como ejemplo. Para el Gobierno, la flexibilidad es una ventaja; para cualquier trabajador, es una puerta abierta a la disponibilidad permanente.
Incluso en los casos de enfermedad prolongada, el empleado ya no tendrá asegurado su puesto: la empresa solo deberá ofrecer alguno “disponible”. Otro retroceso histórico.
Sturzenegger celebró, además, que varios gobernadores apoyaron la reforma. No sorprende: son las provincias las que vienen sufriendo la poda del gasto nacional, y la “visión federal” que pregonan es, en realidad, un reacomodamiento forzado ante la presión económica del Gobierno.
Mientras tanto, la discusión de fondo permanece intacta: esta reforma no moderniza el trabajo argentino, lo abarata. Y lo hace a costa de los mismos de siempre.
